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dimecres, 6 d’octubre del 2010

SIN PUDOR

Us faig arribar un article d'Arturo Pérez Reverte que em sembla brillant tant per la seva claredat com el seu marcat estil periodístic, controvertit i crític. Al meu entendre reflecteix clarament la situació de desconcert que viu la nostra classe política.

Juan Jesús Espina

Sin pudor, por Arturo Pérez Reverte



Cada vez que doy un paseo veo más
tiendas cerradas. Algunas, las de toda la vida, habían sobrevivido a
guerras y conmociones diversas. Eran parte del paisaje. De pronto, el
escaparate vacío, el rótulo desaparecido de la fachada, me dejan
aturdido, como ocurre con las muertes súbitas o las desgracias
inesperadas. Es una sensación de pérdida irreparable, aunque sólo haya
echado vistazos al escaparate, sin entrar nunca. Otras de esas tiendas
son negocios recientes: comercios abiertos hace un par de años, e
incluso pocos meses; primero, los trabajos que precedían a la apertura,
y después la inauguración, todo flamante, dueños y dependientes a la
expectativa, esperanzados. Ahora paso por delante y advierto que los
cristales están cubiertos y la puerta cerrada. Y me estremezco
contagiado de la desilusión, la derrota que trasmite ese triste cristal
pegado al cristal con las palabras se alquila o se traspasa.
En lo que
va de año, la relación es como de una lista de bajas después de un
combate sangriento. Entre las que conozco hay una parafarmacia, dos
tiendas de complementos, una de música clásica, una estupenda tienda de
vinos, una ferretería, una tienda de historietas, tres de regalos, dos
de muebles, cuatro anticuarios, una librería, dos buenas panaderías,
una galería de arte, una sombrerería, una mercería e innumerables
tiendas de ropa. También -ésa fue un golpe duro, por lo simbólico- una
juguetería grande y bien surtida. Me gustaba entrar en ella, recobrando
la vieja sensación que, quienes fuimos niños cuando no había
televisión, ni videoconsola, ni nos habíamos vuelto todos -críos
incluidos- completamente cibergilipollas, conservamos del tiempo en que
una juguetería con sus muñecas, trenes, soldados, escopetas, cocinitas,
caballos de cartón, disfraces de torero y juegos reunidos Geyper, era
el lugar más fascinante del mundo.
Ahora hablamos de crisis cada día.
Hasta los putos políticos y las putas políticas, que no es lo mismo que
políticas putas, ahórrenme las putas cartas, lo hacen con la misma
impavidez con que antes afirmaban lo contrario. En todo caso, una cosa
es manejar estadísticas; y otra, pisar la calle y haber conocido esas
tiendas una por una, recordando los rostros de propietarios y
dependientes, su desasosiego en los últimos tiempos, la esperanza,
menor cada día, de que alguien se parase ante el escaparate, se animara
y entrase a comprar, sabiendo que de ese acto dependían el bienestar,
el futuro, la familia. Haber presenciado tanta angustia diaria, la
ausencia de clientes, el miedo a que tal o cual crédito no llegara, o a
no tener con qué pagarlo. El saberse condenados y sin esperanza
mientras, en las tiendas desiertas que con tanta ilusión abrieron,
languidecían su trabajo y sus ahorros. Morían tantos sueños.
Eso es lo
peor, a mi juicio... Lo imperdonable. Todas esas ilusiones deshechas,
trituradas por políticos golfos y sindicalistas sobornados que todavía
hablan de clase empresarial como si todos los empresarios españoles
tuvieran yate en Cerdeña y cuenta en las islas Caimán. Ignorando las
ilusiones deshechas de tanta gente con ideas y fuerza, que arriesgó,
peleó para salir adelante, y se vio arrastrada sin remedio por la
tragedia económica de los últimos tiempos y también por la
irresponsabilidad criminal de quienes tuvieron la obligación de
prevenirlo y no quisieron, y ahora tienen el deber de solucionarlo,
pero ni pueden ni saben. De esa gentuza encantada consigo misma que no
sólo carece de eficacia y voluntad, sino que sigue impasible como don
Tancredo, procurando ni parpadear ante los cuernos del toro que
corretea llevándose a todo cristo por delante. Un Gobierno cínico,
demagogo, embustero hasta el disparate. Sentenciándonos, entre unos y
otros, a ser un país sin tejido industrial ni empresarial, sin clase
media, condenado al dinero negro, al subsidio laboral con trabajo
paralelo encubierto y a la economía clandestina. Con mucho Berlusconi
en el horizonte. Un rebaño analfabeto, sumiso, de albañiles, putas y
camareros, donde los únicos que de verdad van a estar a gusto,
sinvergüenzas aparte, serán los jubilados guiris, los mafiosos
nacionales e importados, y los hooligans de viaje y tres noches de
hotel, borrachera y vómito incluidos, por veinticinco euros. Para
entonces, los responsables del desastre se habrán retirado
confortablemente al cobijo de sus partidos, de sus varios sueldos
oficiales, de sus pingües jubilaciones por los servicios prestados a sí
mismos. A dar conferencias a Nueva York sobre cómo nos reventaron a
todos, dejando el paisaje lleno de tiendas cerradas y de vidas con el
rótulo se traspasa. Así que malditos sean su sangre y todos sus
muertos. En otros tiempos, al menos tenías la esperanza de verlos
colgados de una farola.

1 comentari:

  1. És el que diem, els polítics haurien de donar comptes dels seus actes. En canvi se'ls hi paga els seus errors amb més prevendes. Així no n’ensortirem.

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